jueves, 26 de julio de 2012

Requisitos para ser prócer


Después de una entrevista con Rafael Casanova, natural de Rivas, funcionario del Banco Central de Nicaragua, de profesión historiador y de oficio desmitificador, me permití elaborar el perfil del prócer, ése que nos metieron en las escuelas públicas y privadas y que lo festejamos con juras de banderas, palillonas, bandas rítmicas y visitas a la Hacienda San Jacinto, que para estas fechas termina ocupada como balneario patrio en seco.



El diccionario de la Academia Española de la Lengua define los requisitos del prócer: “Eminente, elevado, alto”. También: “Persona de la primera distinción o constituida en alta dignidad”. La última acepción: “Cada uno de los individuos que, por derecho propio o nombramiento del rey, formaban, bajo el régimen del Estatuto Real, el estamento a que daban nombre”.

La selección de personajes en el Siglo XIX encarna esta definición peninsular.
Nos acostumbraron a ver que los próceres son únicamente Miguel de Larreynaga y resto de personajes con las patillas de Elvis Presley en su última época.

Decálogo del prócer
1.- Que no se le ocurra ser de origen indio o mestizo.
2.- Ser de origen peninsular o español de América.
3.- Ser autorizado por las castas y el clero.
4.- Independizarse de España, pero no de los privilegios mundanos y divinos.
5.- Borrar de la historia a los que siendo de origen indígena y mestizo prefieren las ideas radicales y el cambio violento, y por tanto una verdadera independencia.
6.- Hacer la independencia de manera pacífica, como ejemplo de que hablando se arreglan las cosas (las nuestras, por supuesto).
7.- Eliminar las propiedades comunales y ejidales de los indios. Acuérdense que necesitamos, además de estas tierras, mano de obra, y estas indiadas con tantas tierras sólo tienen tiempo para trabajarlas y después se van a su casa los muy haraganes, en vez de ser nuestros peones.
8.- Establecer el 15 de septiembre de 1821 como el Día de la Independencia.
9.- No dejar que se magnifique el 1 de julio de 1823 como el legítimo Día de la Independencia.
10.- Llevar la patilla de Elvis.

No califican para ser próceres:

Casanova subrayó que “los constructores del Estado elevan a efemérides, héroes y próceres de acuerdo a sus intereses”. De hecho, hay otros próceres que al llenar el formulario de los Gabino Gaínza y Miguel de Larreynaga podrían acaso ingresar a la historia, pero como indocumentados.

“Hay próceres desconocidos como Tzuc”, dijo Casanova. Se encuentra “la conspiración de Tomás Ruiz”, reinvindicado tímidamente en los años 70, pero sin tocar el cielo de los “Padres de la Independencia”. No llenan los requisitos del prócer porque “pertenecen a los sectores populares”.

Además, dijo el historiador, “tienen un planteamiento radical, y étnicamente no son representativos del nuevo Estado que surge después de la independencia entonces, socialmente, tampoco”.

En este orden, las castas y sus historiadores preferirán a un Miguel de Larreynaga y a José Matías Delgado antes que a los tzendales que encabezaron una auténtica lucha de liberación social y nacional.

Debe borrarse de la historia:

Las rebeliones de El Viejo y Xalteva, ejecutadas por indígenas. Rafael Casanova dijo: “Sólo serán mencionadas como un episodio más. Nadie querrá rescatar el valor de estos movimientos al desafiar, con las limitaciones de armamento, al sistema colonial”.

¿Por qué no dejar entrar en la historia a los otros que se rebelaron contra España?
Es conveniente reivindicar en esa construcción del Estado, donde la clase criolla rica o una clase media que se acomoda dentro del discurso hispanístico, le resulta más conveniente rescatar del hecho independista su expresión pacífica, no el que se produjo en 1823. Fue en ese año cuando realmente se estableció la independencia de España y de todo otro poder. Pero las circunstancias hicieron que esos próceres vestidos de levita fueran los protagonistas de un hecho pacífico, porque esto fue la derivación del pacto de sus propios intereses. Ellos llegaron a la conclusión de que, para preservar sus privilegios, haciéndolo de forma pacífica se arregla todo.

¿Qué hacer para aumentar la galería o apartar a los próceres canonizados por las elites?
Más que borrar a los que ya están, hay que darle su lugar a cada cual. Si me tocaría borrar a alguien sería a Gabino Gaínza, capitán general, pero lo mejor sería ubicarlo en su justo sitio: lo que quería era preservar los intereses particulares de él, representante entonces de España.

Debe otorgársele su lugar a los movimientos reactivos que se atrevieron a desafiar al sistema, a movimientos independentistas como los tzendales o la conspiración de Belén que buscaban cómo se les diera su lugar en esa sociedad, que era el primer paso, y si no, vamos a la independencia total.

Fuente:
Managua, Nicaragua - Miércoles 05 de Septiembre de 2007 - Edición 9721

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