La necesidad de renovar a las caras que nos representan en cargos políticos, es una necesidad de la democracia. Los dictamines constitucionales así lo establecen y no lo hacen de forma caprichosa: el poder siempre es mayor a las personas y –por ello- es necesaria su renovación. Lo que la carta magna establece, lo hace en base a la experiencia. No dictamina que los modelos de país caduquen, sino que sus representantes se renueven. Y este es el caso contradictorio que nuestro país vive hoy en día. El kirchnerismo se presenta como un modelo fuerte y viable, frente a una oposición casi invisible o cualificada por su propia incapacidad tanto para proponer un proyecto de país como para -simplemente- organizarse bajo un partido real. El kirchnerismo queda –así- muy bien parado en la escena política, pero sus representantes son los mismos. No logro renovarse a nivel interno, encontrar un nuevo representante general y –por ello- intentara en...