Un viernes por la noche, llega la tan ansiada añoranza. Tantos días esperando y ha llegado el momento, el medio que me dé satisfacción, esta a mi alcance y lo hace de forma simple y entretenida. Ya desde muy niño, sentía su magia en mis pupilas. La magia de las luces, la magia de las caras, la magia de los hechos, la magia de la propia magia. En esa caja cuadrada, todos los sueños eran posibles; todos los límites físicos, racionales, sociales, económicos, culturales –todo limite- eran superados de maneras maravillosas, estrafalarias, rimbombantes. Y como un bobo, quedaba estupefacto frente al vidrio reflector de la pantalla de un televisor. Y digo viernes por la noche, quizás, porque ese día daban el “especial de terror” por Space, o –por que quizás- en Telefe daban alguna película casi a estrenar, la cual promocionaban durante toda una semana y uno la esperaba de forma ansiosa, con la necesidad de permear su masa de deseo insatisfecha con un poquito de placer visual, auditi...