domingo, 8 de septiembre de 2013

MEDIOS Y DICTADURA: SIN LUGAR PARA DISCULPAS. Arrepentirse jamás









MEDIOS Y DICTADURA: SIN LUGAR PARA DISCULPAS

Arrepentirse jamás


El periódico brasileño O Globo se arrepintió de haber acompañado el golpe. Acá, en cambio, La Nación reivindicó el derrocamiento de Perón y con Clarín buscan esquivar la Justicia por Papel Prensa. Historia infame.

Cómplices. Símbolo y testimonio del apoyo de Clarín y La Nación a Jorge Videla. En la foto, Bartolomé Mitre, Héctor Magnetto y Ernestina Herrera de Noble.


Pedir perdón no se limita a una simple fe de erratas. Se trata de algo más importante, es el hecho de retractarse o al menos ensayar una explicación después de haber apoyado a regímenes asesinos. Pero aun en esta democracia consolidada, ni siquiera hay indicios de que los medios de prensa argentinos transiten ese camino. Ni siquiera después de que uno de los diarios más importantes del mundo los dejara en offside ensayando un sonado mea culpa.
En Brasil, que cursó una larga dictadura de 21 años por la que pasaron siete presidentes, las disculpas institucionales no son nuevas, pero sí sorprendió que el arrepentimiento proviniera del diario brasileño O Globo, el más poderoso e influyente de ese país. En la Argentina, en cambio, sus pares continúan como ni nada hubiera ocurrido: el diario La Nación, que apoyó todos los golpes de Estado desde 1930 y hasta 1976, todavía hoy justifica desde sus páginas las intervenciones cívico-militares que asolaron al país.


A imagen y semejanza de lo ocurrido en la Argentina con Clarín y La Nación, O Globo se plegó a la irrupción militar que en marzo de 1964 derrocó al gobierno de João Goulart. Durante aquella noche, la redacción fue invadida por fusileros navales, aunque la dirección ya había tomado partido por la llamada “revolución”. Según el periódico, la decisión de disculparse con el público y la historia fue materia de discusiones de años dentro del consejo, y habría madurado luego de las inéditas manifestaciones del pasado mes de junio, cuando las calles de las ciudades más importantes del país fueron ganadas por una población crepitante. “La verdad es dura, la Globo apoyó la dictadura”, coreaba la gente. El diario contestó que se trataba de una verdad y lamentó no publicar antes el editorial. “No me parece raro el artículo, ya que antes la Folha de São Paulo había reconocido haber apoyado el golpe. Es como si reconociendo y contextualizando atenuaran su actuación. En la Argentina, una actitud de esa naturaleza no sucedió, no hubo disculpas ni siquiera lavadas”, explica Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información, investigador y periodista. “En la autocrítica está expuesta la reacción social muy cuestionadora del mismo O Globo y de los medios en general, a quienes se los trató como fascistas sin contar con que además el periódico realizó una cobertura vergonzosa de los hechos de junio pasado. En estos casos, la conducción editorial tomó nota de que no puede continuar de espaldas ni hipócrita”.


Al dirigirse a sus lectores, O Globo explicó que siempre pidió a los militares el restablecimiento de la normalidad democrática en el menor plazo posible y se justificó en un texto firmado en 1984 que llevaba la firma de Roberto Marinho: “Hemos permanecido a los objetivos de la revolución, teniendo conflicto en algunas oportunidades con aquellos que pretendían asumir la autoría, olvidando que los acontecimientos se iniciaron, como reconoció el mariscal Costa e Silva, por exigencia ineludible del pueblo brasileño. Sin pueblo, no habría revolución, apenas un pronunciamiento o golpe con el cual seríamos solidarios”.

En Brasil hubo represión, muertos y desaparecidos en el marco del Plan Cóndor. De la muerte de João Goulart, ocurrida durante su exilio argentino, nunca se aclaró lo suficiente. La Comisión de la Verdad (CNV), creada en 2010 por la presidenta Dilma Rousseff, también detenida y torturada, se hizo eco de los reclamos de las organizaciones. La ministra de Derechos Humanos, María do Rosário, acaba de informar que el cuerpo del ex presidente –se sospecha que fue envenenado– será exhumado el próximo mes de octubre para que se le practique una autopsia que nunca se hizo antes. Luego, volverá a ser sepultado con las honras de su investidura que en su momento no tuvo.

La CNV, compuesta por siete miembros, está elaborando un extenso informe sobre la represión, ambicionando la abolición de la autoamnistía decretada por el ex dictador João Baptista Figueiredo. En este marco, para Eduardo Blaustein, periodista y autor de libros sobre la actuación de la prensa argentina durante los años de plomo, la disculpa de O Globo es relativa: “Obedece a un contexto particular, ya que el diario fue repudiado en las últimas movilizaciones masivas, al menos desde algunos sectores sociales y minorías intensas”.

Casi en simultáneo, el diario La Nación arremetió en sentido contrario al de O Globo y publicó un editorial titulado La tinta no destituye, donde justificó el golpe de 1955. “Perón no cayó por obra de las armas que alzó la Revolución Libertadora, sino básicamente porque su régimen se había agotado y abundaban los escándalos y las burdas muestras de autoritarismo. Ni las balas de plomo derrocaron al general Juan Domingo Perón, no existen balas de tinta, ni, en caso de existir, podrían destituir gobiernos”. O son desmemoriados o en La Nación subestiman a sus lectores. Por las dudas, es preciso recordar que los bombardeos contra civiles en Plaza de Mayo precedieron al derrocamiento y que el presidente renunció tres meses después para evitar una nueva masacre.

Durante la dictadura, tanto Clarín como La Nación se vieron beneficiados por la cesión de empresas en su favor y compartieron el privilegio de la pauta publicitaria estatal con Editorial Perfil. ¿Aquella complicidad comercial podría explicar entonces la falta de arrepentimiento? “No hay que idealizar demasiado la autocrítica porque hay otro paralelismo con nuestra historia: O Globo y otros grupos, pero sobre todo O Globo, ganaron decenas y decenas de licencias gracias a los militares brasileños a los que apoyaron a rabiar apenas se produjo el golpe. Se me hace que se trata de un caso de corrección política que en la Argentina nuestros medios no produjeron y menos van a producir en el contexto del kirchnerismo y con la ley de Servicios Audiovisuales en el medio”, asegura Blaustein. Para Becerra, la diferencia de conducta radica en que “los directivos de los medios de cada país pueden compararse con sus respectivas burguesías. En Brasil son más modernos, más agresivos en lo comercial, sin contar con una cuota ideológica. En este caso, disculparse es estar preocupados por no perder en su parte del mercado y eso es un pragmatismo del que calculan sacarán ventaja. Acá, desde que Clarín quebró lanzas con los Kirchner, entró en una vorágine opositora sobreactuada que le hizo perder mercado. Los medios reflejan la clase dirigente y en esto entra la aversión por el riesgo de los empresarios argentinos”.

Tanto Clarín, La Nación como La Razón se hicieron con gran parte de Papel Prensa con el guiño y la logística militar. La empresa que producía y continúa fabricando papel para imprimir diarios era propiedad de la familia Graiver, cuyos integrantes fueron detenidos, torturados y en algunos casos asesinados. Para entonces y por imperio de la fuerza debieron firmar la cesión de acciones. Los beneficiarios se mostraron en una ceremonia de corte de cintas realizado en la planta en septiembre de 1977. En la foto se observa al dictador Videla y a la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. También a Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre, que deberán responder en la causa por el apoderamiento de la empresa. Difícilmente se arrepientan. “La historia no es apenas una descripción de hechos que se suceden. Ella es el más poderoso instrumento del que el hombre dispone para continuar con seguridad rumbo al futuro: se aprende con los errores cometidos y se enriquece reconociéndolos”, rezó el editorial de O Globo. En la Argentina, sus colegas se enriquecieron, más que con el error, con el horror. 

Opinión

Democratizar los medios

Por Osvaldo Bayer

“No se van a arrepentir porque están muy seguros, tienen esa seguridad que les otorga el poder absoluto, un poder que creen que pueden seguir ejerciendo. Es la manera que tienen de actuar, jamás lo harán a la defensiva y siempre irán al ataque. Apoyaron a la dictadura militar y después, con total tranquilidad, se hicieron democráticos y los gobiernos de la democracia jamás los tocaron. Por esa razón hay que democratizar los medios. El diario O Globo hizo bien en admitir sus culpas, pero restaría investigar el porqué real de ese arrepentimiento”.

Opinión

Sería antimarketinero

Eduardo Blaustein

“En el caso de los dueños de La Nación percibo que no hay siquiera percepción de culpa porque siguen creyendo que los golpes fueron naturales o necesarios. Clarín fue más hábil: supo amoldarse a los cambios de ánimo de la sociedad como saliendo presuntamente limpio de la dictadura, hasta que en tiempos kirchneristas se discutió todo lo que se discutió, incluyendo Papel Prensa. Acaso los medios no se hacen la autocrítica porque sería antimarketinero. Dicen somos la verdad, los que erran son los políticos, los delincuentes. Admitir errores sería admitir falibilidades, por eso cuesta”.

Opinión

Nunca piden perdón

Martín Becerra

“Considero que culturalmente no se está acostumbrado a la contrición o a rendir cuentas públicas. Tampoco lo veo en la clase política. Néstor y Cristina pidieron perdón en nombre del Estado en su momento. El justicialismo como partido nunca se disculpó por el Operativo Independencia. El radicalismo tampoco lo hizo después de poner intendentes propios durante la dictadura. La conducta reprobable de La Nación y Clarín se inscribe en una conducta donde la clase dirigente argentina nunca pide perdón”.

0 comentarios: