domingo, 4 de noviembre de 2012

LUJOS Y CAÍDA DE UN TEMIBLE NARCOTRAFICANTE: El último capo

13:55


Henry de Jesús López Londoño, alias “Mi Sangre”, no dormía dos noches seguidas en el mismo domicilio y se movía con cinco pasaportes falsos. La investigación de la Secretaría de Inteligencia y su detención en un lujoso restaurante de Pilar.

Por sus salones pasaron presidentes, príncipes, actores, deportistas, políticos, grandes personalidades argentinas y extranjeras. Fundado en 1943, el tradicional restaurante Fetuccine Mario es un baluarte del lujo y la buena comida de Pilar, al norte del conurbano bonaerense. Tan buenas son sus pastas, que Henry de Jesús López Londoño, alias “Mi Sangre”, “Salvador” o “Carlos Mario”, fue a comer el pasado martes 30. Era uno de los capos del narcotráfico más buscados del mundo, pero no tuvo problemas en concurrir a un lugar público a cenar. Amante de la buena vida, tanto él como sus socios suelen disfrutar de fiestas repletas de modelos y de todos los lujos imaginables. Pero todas las precauciones que solía tomar no fueron suficientes. Al salir, fue detenido. Ahora deberá enfrentar las rejas de una prisión del conurbano y, luego, la extradición, para ser juzgado en Colombia y más probablemente en los Estados Unidos.
A “Mi Sangre” se lo sindica como jefe de la organización criminal Los Urabeños, que agrupa a por lo menos 1.900 hombres armados. López Londoño tiene un frondoso prontuario como pandillero, paramilitar y narco. En los últimos meses se movía entre Venezuela, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Brasil y la Argentina, donde habría ingresado por última vez en diciembre de 2011. Su esposa, Janeth Valencia, y sus dos hijos estarían en Colombia, país que también solía visitar, sobre todo Medellín y Bogotá, siempre con documentos falsos. Tal vez por esa vida nómade, las fiestas que organizaba con pulposas y sugerentes modelos, algunas de ellas de renombre, no le generaban problemas familiares. Tenía cinco pasaportes de distintos países sudamericanos. Se había instalado a principios de 2012 en el country Nordelta, aunque luego se mudó a otro barrio cerrado de zona norte. También se lo había visto en el country Las Praderas de Pilar. Los investigadores establecieron que no dormía dos noches seguidas en el mismo lugar. Y que se manejaba en autos blindados: por lo menos en seis vehículos distintos. Se calcula que alrededor de 10 guardaespaldas lo protegían. Esta vez no estuvieron para salvarlo.

En el momento de ser detenido, no tenía ningún documento encima, vestía jeans y zapatos negros. Con su metro setenta, no lucía peligroso. Más desaliñado, con pelo largo y barbudo, contrastaba con la persona rapada de las fotos mediante las cuales se lo buscaba. No opuso resistencia. Tampoco lo hizo su misterioso acompañante, supuestamente el encargado del esquema de seguridad, un hombre cuyo nombre sería “Jorge”. El auto en el que llegó al restaurante es un Kia Cerato de color plateado y con los vidrios polarizados, patente JBB452.

“Mi Sangre” era seguido por la Policía Nacional de Colombia, Interpol y la DEA desde hace meses. Cayó por una investigación conducida por la Dirección General de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE). Según trascendió, el equipo satelital instalado en su auto lo delató. Los datos para detenerlo provinieron de un informante de su país de origen, que recibirá 660.000 dólares de recompensa –según declaró el general José Roberto León, director de la policía–, y de una fuente local.

Primero, los hombres fueron trasladados a la alcaidía de la Superintendencia de Drogas Peligrosas, en Belgrano 1612 de la Capital Federal. El miércoles, “Mi Sangre” compareció ante el juez federal Nº 2, Sebastián Ramos, en Comodoro Py, quien trabajó arduamente en esta causa. Al día siguiente era trasladado al penal de seguridad máxima de Ezeiza. López Londoño será extraditado: podría ser a Estados Unidos o a Colombia. La Justicia de los dos países quiere que responda por sus delitos: se lo acusa de concierto para delinquir, tráfico y tenencia de armas, y terrorismo.

La organización de López Londoño estaba siendo acorralada. El pasado 22 de mayo fue detenido Edison Gómez Molina, su contador. Otro de sus secuaces se entregó a los Estados Unidos; se trata de Javier Antonio Calle Serra, alias “El Comba”. También fue arrestado Edison Peláez, otro narco que peleaba por llegar a la cima de la banda. Pero se las empezó a ver más complicada cuando cayó Camilo Torres Martínez, alias “Fritanga”, su mano derecha. El hombre fue detenido en julio pasado en el marco de una fiesta en el lujoso Hotel Punta Faro en la paradisíaca isla Múcura, donde estaba desarrollando su boda, a dos horas de Cartagena. Los policías tuvieron tiempo para irrumpir en el festejo: es que la “parranda” duraba una semana entera, con la participación de once orquestas, algunas de ellas muy conocidas, además de artistas internacionales de reggaeton llevadas desde Puerto Rico y República Dominicana. Según se divulgó, varias modelos y personalidades famosas en Colombia estaban en la fiesta, como el elenco de la telenovela Rosario Tijeras. La sensual modelo Natalia París tuvo que salir a desmentir que había estado en el fastuoso festejo. “Esos chismes son asquerosos, de quinta, siempre me meten en ese tipo de rollos. Si eso fue este fin de semana, tengo pruebas suficientes para demostrar que yo estaba en Santa Marta en una fiesta”, se defendió la blonda.

Pero no siempre López Londoño se codeó con el mundo del glamour y del delito de alta gama. Nació en el barrio Boston de Medellín hace 41 años. En el ’92 se vinculó a la llamada Oficina de Envigado, luego de haber estado en las calles como pandillero, robando negocios. Esta organización criminal es sucesora del famoso cartel de Pablo Escobar, cuya mujer e hijo viven en la Argentina. El narco ahora detenido se hizo de abajo. Fue soldado raso, escolta, sicario. A medida que fueron cayendo sus jefes, fue ascendiendo. En el ’99, fue jefe del bloque Capital del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), vinculado al hermano del ex presidente Álvaro Uribe. Al mando de esta agrupación terrorista disputó la zona sur de Bogotá a balazos. Luego, vinculado a Miguel Arroyave, conformó el llamado bloque Centauros en el Meta. López Londoño se vinculó a Daniel “Don Mario” Rendón y a Dúmar “Carecuchillo” Guerrero. Y se alió con los hermanos John Fernando y Juan Diego Giraldo Úsuga, jefes de la banda criminal Los Urabeños, uno de los cuales fue muerto por la policía, mientras que el otro fue extraditado a Estados Unidos. Su nombre comenzó a sonar con fuerza a fines de 2007, cuando lo acusaron de enviar droga a Holanda.

En Los Urabeños escaló posiciones hasta convertirse en lugarteniente de Diego Murillo, alias “Don Berna”. Esta banda criminal se formó con cuadros medios de las AUC, después de la desmovilización de este grupo paramilitar de ultraderecha, lo que se produjo entre 2003 y 2006. Los Urabeños controlan el tráfico de estupefacientes en la región de Urabá, en la frontera de Panamá y en la costa del Caribe colombiano. Fue capturado sin que lograra lo que se presumía era su objetivo: controlar todo el bajo mundo del Valle de Aburrá.

El de “Mi Sangre” no es el primer hecho que se produce en tierras argentinas e involucra a narcos latinoamericanos. Un antecedente famoso es el del fallecido líder del cartel de Juárez, Amado Carrillo, “El señor de los cielos”, quien, amparado en una identidad falsa, inició la compra de múltiples propiedades a fines de los ’90. En abril de 2010 fue detenido Luis Agustín “Don Lucho” Caicedo Velandia a pocos metros del centro comercial Alto Palermo. Había llegado a la Argentina con pasaporte guatemalteco. Se lo consideraba reemplazante del fallecido Pablo Escobar Gaviria, cuya mujer e hijo viven en Buenos Aires. Otro caso resonante fue el de Ignacio Álvarez Meyendorff, detenido al año siguiente en nuestro país, también por pedido estadounidense. Era jefe del cartel del Norte del Valle De Cauca. Tiene a su nombre empresas sojeras, agropecuarias y de construcción, y oficinas en Puerto Madero. Gustavo Adolfo “El Viejo” Mejía Medina fue detenido por Gendarmería cuando intentaba cruzar a Uruguay, en abril de 2012, en el marco del “Operativo Luis XV”, por el estilo de los muebles en donde se ocultaba el clorhidrato de cocaína. Ese mismo mes cayó Cristian Camilo Londoño Cifuentes, en Campana. Otro caso es el de Héctor Jairo Saldarriaga, alias “el Mojarro”, que fue asesinado este año en Barrio Norte. Era jefe de sicarios del capo Daniel “el Loco” Barrera. Según se sospecha, se estableció “La Oficina de Envigado” en Rosario, donde fueron vistos dos narcos de renombre: Maximiliano Bonilla, “Valenciano”, y Ericson Vargas, alias “Sebastián”.

Pero hay un antecedente directamente relacionado con López Londoño. Fue la ejecución mafiosa de dos ciudadanos de nacionalidad colombiana, que fueron ultimados en 2008 en el estacionamiento de Unicenter. En esa investigación quedaron involucrados los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, detenidos en España por intentar ingresar un avión con una tonelada de cocaína. Cuando el fiscal a cargo de la investigación Luis Angelini pidió allanar las oficinas de los Juliá en Puerto Madero, el juez Julio Novo rechazó la medida. Más adelante, los hermanos cayeron en territorio español. En la agenda de uno de los celulares que les pertenecerían habría un número sugestivo. Con característica de Colombia, está agendado un tal “Henry”. Se presume que no sería otro que “Mi Sangre”, el hombre que pasó de las fastuosas fiestas a tener que responder ante la Justicia. 
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Otra baja en La Santafesina

El escándalo en el que quedó sumida la Policía de la Provincia de Santa Fe luego de la denuncia, fuga y detención del ex jefe Hugo Tognoli, no sólo no se detuvo sino que crece día a día. El ex hombre fuerte de La Santafesina S.A. está acusado de tener una relación non sancta con narcos, uno de ellos Carlos “El Vasco” Ascaini. El Vasco está detenido pero pidió su libertad: dice que no le encontraron un kilo de cocaína, sino de azúcar (con 40 gramos de cocaína). Otras detenciones se produjeron: esta vez le tocó al jefe del Comando Radioeléctrico, Juan Carlos Claverol Giménez; el subjefe, Roberto Sandoval, y otros siete policías de la seccional 18ª de la ciudad santafesina de Pérez, acusados de supuestas irregularidades en un operativo realizado en el barrio Cabin 9, en el límite con Rosario. Según reveló el cabo Pedro Cina, estaba confeccionando un acta cuando su jefe le dijo “al teléfono hay que desaparecerlo, no te metás”. Se presume que habrían quedado registradas conversaciones entre policías y ladrones que mostrarían la connivencia entre ambos.

Quien también quedó bajo la lupa es el recientemente nombrado Cristian Sola, que era el subjefe de Tognoli. Antes, estuvo al mando de la Unidad Regional II, con jurisdicción sobre Rosario, ciudad donde bandas de narcos se disputan los territorios de los barrios humildes. La información de que sobre Sola pesa una acusación de enriquecimiento ilícito generó conmoción. En tanto, los diputados nacionales del Partido Socialista pidieron que la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) informe sobre el cumplimiento de las políticas y estrategias de reducción de la oferta de drogas.

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